XXXI Marcha a Rota

martes, 9 de noviembre de 2010

EL PAPA MIENTE Y OFENDE A ESPAÑA

El papa durante su visita a España.

Un articulo de Teodolfo Lagunero.

Decía Karl Marx en 1855: “Las fuerzas sociales decadentes, que en términos nominales aún se encuentran en posesión de todos los atributos del Poder y que continúan vegetando mucho después de que las bases de su existencia se hayan podrido, en tanto que los herederos riñen entre sí por la herencia antes de que se haya publicado la noticia necrológica y leído el testamento” También decía: “Estas fuerzas reúnen una vez más todas sus energía antes de los estertores de la muerte, pasan de la defensa a la ofensiva, desafían en lugar de ceder y tratan de extraer las más extremas conclusiones de premisas que no solo han sido puestas en duda, sino que ya está condenados”

Estas afirmaciones de Marx son hoy de aplicación al capitalismo feroz que se crece después de su debacle -su muro de Berlín- en la actual crisis y que en ese estertor de su muerte, quiere morir acuchillando a los trabajadores del mundo entero y dando hachazos al Estado de Bienestar que se consiguió por los socialdemócratas mediante tantas luchas del pueblo, Estado de Bienestar que incluso podríamos considerar como la antesala del socialismo, única alternativa verdadera a ese nefasto capitalismo.

Personalmente, como creo que ocurre con todos los comunistas y socialistas, somos respetuosos con los creyentes, no solo por los movimientos de base del cristianismo, sino con todos los creyentes por muy dogmáticos y fanáticos que sean, ahora bien, a estos últimos les exigimos el mismo respeto hacia nuestras ideas.

Las ideas de Marx también son de aplicación a la Iglesia católica que ve no solo como la juventud del mundo católico se aparta con absoluta indiferencia de ella, sino que, cuantas personas han comprendido a través de la libertad de expresión y las conquistas de la democracia los disparates impresentables de una jerarquía eclesiástica retrógrada, que sueña ilusamente con volver a su poder de la Inquisición de la fuerza de la unión del Trono y la sotana y que en su mesanía envía a este ridículo Papa para que se pasee en el grotesco papamóvil, acompañado, eso sí, de su guapo, joven y elegante secretario “o lo que sea” para venir a España, a llorar porque ya no es su España, la del nacional catolicismo y permitirse la infamia de insultar a los españoles mintiendo cínicamente sobre lo que fue y representó la segunda República española y la guerra civil.

¿Cómo tiene valor este Papa, que vistió el uniforme nazi, y luchó en la trágica guerra provocada por ese nazismo que él representó cuando era joven, de hablar de la República y la guerra española, donde los nazis como él asesinaron a España y donde la Iglesia que él hoy representa y que quisiera volver a imponernos, el nacional catolicismo aunque fuese con otra guerra. Esa Iglesia que, por desgracia, repito, aún es la que defiende nuestra Conferencia Episcopal, bendijo no solo los cañones que iban a destrozar a España sino también los fusiles que asesinaban a republicanos que no habían cometido ningún delito y cuyos párrocos dejaban en todos los pueblos que esos asesinados se pudriesen en las cunetas y que aún protestan porque sus familiares, después de 40 años de fascismo y de 33 de democracia, pretendan simplemente sacarles de las cunetas y enterrarles dignamente en un cementerio. ¡Hace falta tener cinismo para atreverse, este impresentable personaje, por muchas ropas de marca y enjoyadas ¡¡tan poco cristianas!! , que le arropen, se atreva a mentar la cuerda en casa del ahorcado.
¿Qué censura el Papa de la República y la guerra civil, al referirse a los años 30? Evidentemente, no conoce la historia real que hoy ya aparece en todos los libros de los historiadores científicos, sino que conoce o le han contado lo que sobre la República y la guerra escribieron los cardenales, obispos y clérigos de la España de entonces. Quizá también conozca el archivo del Cardenal Gomá y haya creído sin más lo el Cardenal Primado dijo:
“la guerra que sigue asolando gran parte de España y destruyendo magníficas ciudades, no es, en lo que tiene de popular y nacional, una contienda de carácter político en el sentido estricto de la palabra. No se lucha por la República, aunque así lo quieran los partidarios de cierta clase de República. Ni ha sido móvil de la guerra la solución de una cuestión dinástica, porque hoy ha quedado relegada a último plano hasta la cuestión misma de la forma de gobierno. Ni se ventilan con las armas problemas interregionales en el seno de la Gran Patria, bien, que en el período de lucha, y complicándola gravemente, se hayan levantado banderas que concretan anhelos de reivindicaciones más o menos provincialistas. (“El caso de España”, pagina 7). “….Porque, no contento con haber hecho laica toda la vida española….., desde la escuela hasta el cementerio, pretende ahora hacer laica también nuestra Cruzada… “ “Es natural, en la horda roja, este afán laicizador de la guerra española. Despojando nuestro levantamiento de su significado religioso, que le da altura de Cruzada, queda rebajado al plano despreciable de cualquier vulgar pronunciamiento. Y esto es lo que el comunismo español interesa: poder presentar al mundo el glorioso Movimiento Nacional como una militarada más que ha engendrado una guerra civil, una reacción fascista, una lucha de clases…., cualquier cosa, menos una Cruzada religiosa…” “Es guerra de sistemas o de civilizaciones; jamás podrá ser llamada guerra de clases. Lo demuestra el sentido de Religión y de Patria que ha levantado a España contra la anti-España” (página 11)…. “Es en el fondo, guerra de amor y de odio por la religión. El amor al Dios de nuestros padres ha puesto las armas en manos de la mitad de España….” “El odio ha manejado contra Dios las de la otra mitad” (página 6). “….Es la guerra que sostiene el espíritu cristiano y español contra ese otro espíritu…. El del materialismo marxista. De otra parte, combatientes de toda ideología que represente, parcial o íntegramente, la vieja tradición e historia de España; de otra, el informe conglomerado de combatientes cuyo empeño principal es más que vencer al enemigo, o, si se quiere por el triunfo sobre el enemigo, destruir todos los valores de nuestra vieja civilización (página 7)”. “…Pero, ¿de dónde le ha venido a nuestra guerra esta significación religiosa? Ante todo, de la voluntad de los generales heroicos y religiosísimos que el 17 de julio se alzaron en armas. Todos ellos, Franco en África, Mola en Navarra, Queipo en Sevilla, alzáronse como libertadores de la Patria Española, pero, al mismo tiempo, como adalides de la religión de España. Aquellas primeras proclamas y aquellas arengas de primera hora, parecían un credo triunfal, que, de repente surgía de las catacumbas de la persecución. Los generales apelaban al sentimiento patriótico de los españoles para salvar a España: pero, a la vez, invocaban el sentido religioso del pueblo español para defender la religión”.
Para qué seguir, estas barbaridades son la prehistoria que se enseñó durante los 40 años de fascismo y que hoy repiten los Pío Moa, y los Cesar Vidal, en los que seguramente se ha informado el Papa. No puedo por menos de citar también algunas “perlas” del Magistral de Salamanca, A. de Castro Albarrán, escritas como la obra anterior, desde los primeros momentos de la guerra, que sacamos de su obra “Guerra Santa” .
Dice en la página 29:
“Nuestro Generalísimo. Pero este carácter religioso se lo ha dado a la guerra española, más que nada y que nadie, la voluntad decidida de nuestro Generalísimo. Así lo ha demostrado él mismo, con hechos y con palabras. (Lo de los hechos se referirá a su crueldad y sus asesinatos, y el vender a España a la Alemania nazi y a Italia fascista). “…Nosotros. Nosotros, pues, hemos ido a esta guerra como a una hazaña religiosa. Le hemos dado a la lucha anchura y altura de Cruzada….. (página 30) ” “…Ellos. …. Para los planes de la barbarie rusa, nada hay que estorbe tanto como la religión. En realidad, les estorba toda religión, porque toda idea de Dios, todo sentimiento un poco espiritualista, toda aspiración de algo ultraterreno, por fuerza han de ser impedimento para el triunfo de los sin Dios, para el avance del materialismo más totalitario y grosero que ha conocido la historia, y para el bárbaro disfrute de la vida, al modo animal y salvaje”.
También ¿habrá leído el Papa a este energúmeno, que ya en 1933 escribió un esclarecedor libro “El derecho a la rebeldía” o “Guerra santa” que es de la que hemos citado esas barbaridades? O “La gran víctima” “La Iglesia española, mártir de la revolución roja, escrita en 1940 cuando los victoriosos ejércitos que todos esos Arzobispos, Obispos y Clérigos consideraban ser suyos y ser también su guerra, se estaba torturando y fusilando en España a cientos de miles de españoles y se pisoteaba los más elementales derechos de sus familias, esto es, los vencidos, hechos que hicieron estremecer incluso a los pocos curas que de verdad sentían el espíritu de amor, caridad y solidaridad del cristianismo, como también se avergonzaban de ver a Franco bajo palio rindiéndole honores del Santísimo Sacramento. Para terminar nuestras citas, permítaseme reproducir unas palabras del sacerdote malagueño, José María González Ruiz:
“desgraciadamente en la historia del cristianismo, a partir de Constantino, se introdujo la tesis de que una guerra podría ser justa para defender la religión verdadera (lógicamente la católica). El primero que así lo expuso fue nada menos que el gran Obispo de Hipona, San Agustín. De acuerdo con la parábola de la cizaña, habría que arrancar las malas hierbas cuando se tuviera la seguridad de que no se extraería también el trigo. Su postura final, inflexible al defender la verdad exclusiva, fue intransigente: “Hay -escribía- una persecución ilegítima, la de los impíos hacia la Iglesia de Cristo; y hay una persecución justa, la de las Iglesias de Cristo contra los impíos. La iglesia persigue por amor; los impíos por crueldad”.

¿Qué va a hacer ahora el gobierno socialista que habiendo incumplido también la Constitución, manteniendo toda clase de privilegios indebidos y anticonstitucionales a la Iglesia católica, cuando ha escuchado esas palabras del Papa, que además suponen una ingerencia política, pues indiscutiblemente, son un apoyo al PP?

Si el Papa venía como “brujo” de la secta católica, no tuvo nada que hacer el gobierno, tanto en recibirle oficialmente, como en financiar los exorbitantes gastos de ese “jefe de tribu” Si por el contrario venía como jefe de un Estado -ya de por sí anacrónico- y el gobierno español se veía en la obligación diplomática de recibirle y atenerle, lo dicho por el Papa es un acto de descortesía absolutamente contrario a la diplomacia, y las Autoridades españolas deben contestarle adecuadamente.

Sigo pensando que las dos palabras más nefastas de la historia son RELIGION y PATRIA, entendida ésta como la entienden las derechas y no como las entendemos los comunistas, que es el país en el que hemos nacido, cuyo idioma hablamos, y por cuyo bienestar siempre hemos luchado y seguiremos luchando.

Otro día escribiré sobre la influencia del Episcopado español sobre los nacionalismos, adelantando, que ellos son de manera fundamental los responsables del rabioso ultranacionalismo centralista de Madrid, sin que lo haya tenido en cuenta el Papa -o precisamente ha sido por eso- cuando ha venido a España precisamente a decir sus disparates contra las mujeres, los homosexuales, y nuestra historia, eligiendo esas dos nacionalidades, Galicia y Cataluña.

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