El pueblo francés ha salido a la calle para derribar las reformas antisociales del Gobierno de Nicolás sarkozy.
Aeropuertos bloqueados, Puertos bloqueados, una de cada tres gasolineras sin combustible, carreteras bloqueadas, Vuelos sensiblemente reducidos, no hay transporte ferroviario internacional, 1500 Centros de Estudios bloqueados por los estudiantes, cientos de autos quemados, mobiliario urbano destruido, 1500 estudiantes detenidos en una semana. Por otra parte 51 buques cargados de combustible están parados en las afueras de Marsella desde hace 24 dias. Son 32 buques cargados de petróleo y otros 19 buques cargados con derivados de petróleo. Un verdadero caos y la popularidad de Sarkozy por el suelo.
Las protestas y bloqueos contra la reforma de las pensiones en Francia, que continúan este miércoles, colocan al país en el centro de la batalla por los ajustes económicos en Europa, que muchos creen que amenazan una forma de vida única en el mundo.
Los choques que se observaron el martes entre manifestantes y policías en varias ciudades francesas fueron similares a los que ocurrieron en Grecia más temprano en el año, cuando la nación estaba en cuidados intensivos.
Pero en Francia, un país con fuerte tradición de protesta callejera y sensibilidad por los derechos laborales, la disputa por el plan de aumentar la edad de jubilación tiene un cariz especial y marca el momento más delicado del presidente Nicolas Sarkozy.
"Hay una angustia social que es siempre mayor en Francia que en las otras naciones europeas, porque hay una tradición muy grande de Estado fuerte y protector", le explicó a BBC Mundo el analista político francés Jean-Luc Parodi.
"Cuanto más se siente que el Estado se vuelve menos fuerte y protector, mayor es la inquietud entre los ciudadanos", agregó Parodi.
Equilibrio francés
Francia es uno de los países desarrollados donde los trabajadores se retiran a edad más temprana: los hombres lo hacen en promedio a los 59 años, según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).
Pero Sarkozy sostiene que esto, como la semana laboral francesa de 35 horas, es un privilegio difícil de mantener en una nación donde la población envejece cada vez más y en un mundo competitivo.
Para acabar con el creciente déficit del sistema francés de pensiones, el gobierno propuso subir de 60 a 62 años la edad mínima de retiro y de 65 a 67 la edad para recibir una pensión estatal plena.
El proyecto está a punto de recibir la aprobación definitiva del Senado.
Sin embargo, muchos franceses parecen rechazar la idea de que deban trabajar más para adaptarse a las reglas de otros países y consideran que los derechos laborales ganados a lo largo de la historia son irrenunciables.
A su entender, esas prerrogativas garantizan el equilibrio justo entre trabajo y tiempo dedicado a la familia, a cultivarse o simplemente al ocio.
"Guerra civil fría"
La tensión en Francia aumentó considerablemente en los últimos días, al punto que muchos comienzan a sentir el mismo clima que se respiró en el país en otros tiempos de agitación y crisis política.
Cientos de miles de franceses han marchado en cada una de las seis jornadas de protesta organizadas desde septiembre contra la reforma de las pensiones.
La última, el martes, reunió a 1,1 millones de personas según la policía y a 3,5 millones según los sindicatos.
Las encuestas sugieren que una amplia mayoría de los franceses respalda las protestas y casi tres de cada cuatro quiere que el gobierno de marcha atrás con la reforma.
El ambiente se ha crispado más con la falta de combustibles por paros y bloqueos en refinerías, que causaron el cierre de 4.000 estaciones de gasolina, y por la incorporación de los estudiantes a las protestas.
En una semana, los detenidos por la policía durante los incidentes suman 1.400.
Sarkozy llamó a la calma, pero dijo que seguirá adelante con el proyecto, una reforma clave de su gestión antes de buscar posiblemente su reelección en 2012.
De esta forma, el presidente descartó la posibilidad de dar marcha atrás ante la presión de la calle, como ocurrió con reformas previas de las pensiones y de las normas laborales francesas en 1995 y 2006.
"Hemos llegado a una situación que es muy mala en el conflicto de guerra civil fría, donde no vemos bien cómo cada uno de los protagonistas puede retroceder", evaluó Parodi.
Bajar a la calle
El panorama es más delicado si se considera lo que Parodi definió como "una pérdida de legitimidad terrible" de Sarkozy, quien -según una nueva encuesta de BVA- genera opiniones negativas o muy negativas en 69% de los franceses
"Probablemente va a batir el récord de impopularidad de un presidente en la Quinta República francesa", dijo.
Jean-Marie Pernot, del Instituto Investigaciones Económicas y Sociales (IRES por sus siglas en francés, vinculado a los sindicatos), le comentó a BBC Mundo que hay una creciente "percepción de que el poder político está al servicio de los ricos y poderosos".
Pernot afirmó que esa noción ha sido abonada, por ejemplo, con las devoluciones de impuestos que Sarkozy dispuso para los más ricos o con el rescate de bancos durante la crisis financiera.
"El tema de las jubilaciones tiene una resonancia importante para los asalariados franceses, pero interviene en un clima social y económico que se degradó en los últimos años, en particular desde 2008".
Debido a esto, el centro de gravedad del poder en Francia bascula una vez más entre las oficinas de gobierno y las calles, donde los gremios se han apuntado más de una batalla en el pasado.
"Los sindicatos tienen la opción de estar de acuerdo con la reforma o salir a la calle", dijo Pernot. "Y en Francia, es cierto, tenemos una cultura política de bajar a la calle quizás más fácilmente que en otros países europeos".
UNA DE CADA TRES GASOLINERAS ESTA SIN COMBUSTIBLE
El enfrentamiento que los sindicatos y el Gobierno de Nicolas Sarkozy mantienen desde hace meses (recrudecido en la última semana hasta la amenaza de parálisis del país) por la reforma de las pensiones se ha reconvertido en una suerte de guerra de la gasolina. El presidente de la República avisó el lunes de que pasaba al ataque y ayer aseguró que no iba a permitir ningún bloqueo de depósitos de carburante. Brice Hortefeux, el ministro del Interior, la mano derecha de Sarkozy y su amigo íntimo, se encarga ya de ello personalmente a través de una célula de crisis creada para el efecto. El ministro ha informado de que, de madrugada, la policía dejó el camino libre para los camiones cisterna en los estratégicos depósitos de Donges (Loire-Atlántico), de Le Mans (Sarthe) y de La Rochelle (Charente), retirando a los trabajadores que con neumáticos incendiados y barricadas improvisadas impedían la entrada.Pero un sindicalista del grupo petrolero Total ya avisó el martes 12, cuando la huelga acababa de empezar: "Vais a ver cómo jugamos al ratón y al gato con la policía en los depósitos".
Tenía razón: los trabajadores, a su vez, han bloqueado el depósito de Caen (Baja Normandía), desbloqueado horas después por la policía, el de Port-de-Bouc (Bouches-de Rhône), y mantenían cerrado el depósito-refinería de Grandpuits, en Seine-et-Marne, cerca de París.Consecuencia: la población, sobre todo en cuatro regiones (Ile-de-France, Picardie, Champagne-Ardennes y Normandía) sigue peregrinando a la busca de gasolina cada vez con más estupefacción y alarma. Hay quien hace desplazamientos de 40 o 70 kilómetros para llenar 30 o 40 euros (las gasolineras restringen el consumo). El ministerio del Medio Ambiente registraba 3.200 gasolineras sin una gota de combustible, esto es, una de cada tres en Francia (mapa de las estaciones actualizado por Le Monde).
Los operadores turísticos se inquietan porque el viernes comienzan las vacaciones por la fiesta de Todos los Santos y los franceses observan que no va a haber gasolina para viajar.El conflicto, tras la jornada de protesta y de multitudinarias manifestaciones del martes, parece más estancado y enconado que nunca. Los sindicatos decidirán mañana la estrategia a seguir y tras una reunión difícil se comprobará si continúan unidos o si -como se prevé- comienzan a descolgarse algunas formaciones que temen que los disturbios desvirtúen el movimiento.La votación del proyecto de leyMientras, los senadores debaten el proyecto de ley observados de cerca por todo el país: los portavoces de los tres grupos de izquierda (Partido Socialista, Partido Comunista y Radicales) han pedido solemnemente al presidente de la República que actúe con "sabiduría" y suspenda la discusión a fin de que se pueda elaborar un consenso con los sindicatos. La Unión por un Movimiento Popular (UMP), el partido de Sarkozy, lo ha rechazado.
El ministro de Trabajo, Eric Woerth, ha repitido -casi con las mismas palabras que lleva utilizando desde hace semanas- que la reforma es "necesaria e indispensable y que no hay ninguna necesidad de anular el debate".
Sarkozy, en una carrera contrarreloj, desea que el proyecto de ley supere este escollo legal cuanto antes para que entre en vigor en los días siguientes y así romper con esta dinámica que le maniata. Pero los senadores de izquierda, torpedean a base de colocar enmiendas y de alargar los discursos, y así retardan lo que pueden la aprobación. Los senadores de Sarkozy, por el contrario, escuchan, callan y no replican (para ganar tiempo). Tal vez se apruebe hoy, tal vez el viernes o tal vez el fin de semana. Nadie lo sabe con certeza.
En Lyon y Nanterre se han producido también incidentes con jóvenes violentos que tratan de radicalizar la protesta estudiantil. Hortefeux ha avisado de que "toda acción violenta será castigada" y ha comprobado en Lyon el despliegue policial. Así, este ministro -que es como decir Sarkozy- se ocupa de las dos vertientes más peligrosas (por imprevistas e imprevisibles) que ha adoptado este conflicto: la falta de gasolina y la revuelta de los jóvenes.
AEROPUERTOS TOMADOS
Hoy miles de trabajadores cerraron las vías que conducen a diversos aeropuertos en Francia en protesta contra los planes del gobierno de aumentarles la edad de retiro, mientras numerosos pasajeros avanzaban a pie con sus maletines por un carril que les fue abierto de emergencia en París. Afuera de la capital, jóvenes encapuchados rompieron escaparates en medio de nubes de gas lacrimógeno. Los inconformes protestan contra los planes del gobierno de aumentar la edad de retiro laboral de 60 a 62 años. Las manifestaciones fueron predominantemente pacíficas durante meses, pero algunas escalaron esta semana a niveles de violencia diseminada. El presidente Nicolas Sarkozy aseveró que su partido conservador aprobará la reforma a la edad de retiro durante una sesión del senado prevista para el jueves. Muchos trabajadores consideran que esa modificación puede constituir el primer paso hacia la erosión de las prestaciones sociales en Francia para favorecer un ''capitalismo al estilo estadounidense''. Las prestaciones sociales en Francia figuran entre las más envidiables, con periodos de vacaciones largos y un sistema de atención médica con subsidio estatal. Sarkozy advirtió el miércoles que ''llevaría hasta el final su reforma para el retiro''. A pesar de la tolerancia típica en Francia hacia las huelgas y protestas prolongadas, la paciencia oficial mostraba agotamiento tras semanas de paralización del tráfico, cancelación de vuelos y disminución del suministro de gasolina, y ahora, un incremento de la violencia urbana.
Los trabajadores del principal puerto petrolero de Francia, Fos-Lavera, cerca de Marsella, bloquearon el miércoles 51 tanqueros de crudo en su 24 día de protesta contra una reforma de las pensiones, dijo la autoridad de la instalación. La cantidad de barcos paralizados aumentó desde los 47 que había el martes. Las embarcaciones inactivadas incluyen 32 navíos cargados con petróleo y 19 con productos derivados, indicó Reuters. Los huelguistas también se oponen a cambios en las condiciones en el puerto.
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