NOTA: Publico este articulo, ya que me parece muy interesante su información referida al juez Garzón, y aclara muy bien su trayectoria profesional, para que todos podamos hacernos un " juicio " sobre esta situación casi subrealista, ya que el mismo cruel verdugo pasa a ser después encumbrado como héroe justiciero, para más tarde caer en sus propias redes y convertirse en víctima. Sin embargo, quisiera aclarar que la ambigua expresion del título cuando hace referencia a una izquierda que no es tal, y ante el riesgo de verse metida toda la izquierda en este mismo saco, ó de no saber con exactitud a que izquierda está referida y pueda inducir a errores de interpretación, me permito hacer la siguiente aclaración. Sabemos que Izquierda Unida, por ejemplo, a quien creemos pueda referirse, está considerada en Vox Populi como partido de izquierda, sin embargo sus mandatarios, firmaron en su día la "ley de amnistia", que "perdonaba" a todos los autores de los crimenes, las torturas y genocios cometidos por los mismos durante años, sin que hasta hoy haya habido un reconocimiento historico de estos hechos, ni se haya dignificado a sus muertos, muchos de ellos todavia enterrados en fosas comunes de desconocida ubicación. Es decir que estos hechos ni han existido, ni son historia oficialmente reconocida, pero están en el recuerdo y en el dolor de gran parte del pueblo.
Tampoco IU ha debido hacer un repaso de su "memoria historica", y en plena crisis de amnesia, ha debido olvidar los antecedentes de justicia franquista aplicada por el Sr. Garzón. Así que ahora está incondicionalmente "de su lado", ensalzándole quasi como héroe, ó al menos silenciando sus inhumanos atropellos de antaño. Sin hacer ninguna otra consideración ó mención a la "memoria histórica" . Esa misma que queria instruir Baltasar Garzón, en cuyo pleito hubiese sido, curiosamente, juez y parte ¡¡¡¡¡. Dificil de comprender¡¡¡¡.
Aclarado este punto pasamos al articulo.
Etxebeste y Garzón

MARTIN SHEININ SÍ DENUNCIÓ LAS TORTURAS QUE GARZÓN NEGABA
Hay una canción vasca que habla de las grandes obras pías que hizo
en su pueblo natal el hidalgo Etxebeste, enriquecido tras el tornaviaje
de su encomienda en las Indias. La canción acaba mentando las
desgracias, sangre y lágrimas que costó a los indios la bonhomía de
Etxebeste. Los honores y la elevación a los altares del indiano, fueron
el último escarnio para los indígenas que habían padecido su crueldad.
La historia se repite. Siempre hay quien intenta cubrir su pasado
reinventándose en todo lo contrario. Al ladrón le place que lo tomen por
honrado, al malvado por bondadoso, y al torturador que lo propongan
para el Nobel de la Paz o lo nombren miembro del Comité Europeo para la
Prevención de la Tortura. Lo sorprendente es que en la era de Internet,
cuando casi todo está escrito y publicado, haya gente (ignorante o
malintencionada, elijan) que se deje engañar por estos reconvertidos a
la virtud y al humanismo.

UNA IZQUIERDA QUE NO DENUNCIA LA TORTURA NO ES IZQUIERDA
(“Cuando me quitaban la
bolsa –cuenta Domingo Aizpurua- me aplicaban electrodos por todo el
cuerpo: en la punta de los dedos de los pies, en los labios, en los
pezones, en las manos, en los testículos, en el pene… durante toda la
noche fue igual: primero la bolsa, luego los electrodos y de seguido los
golpes… ante Garzón declaré todo lo que me hicieron”).
Para Baltasar Garzón, Etxebeste del siglo XXI, la encomienda de
Indias comenzó en 1988, en la Audiencia Nacional Española, tribunal de
excepción al que han calificado como la herencia más envenenada de la
justicia franquista, al ser sucesora del famoso Tribunal de Orden
Público.
Miles de personas han pasado durante todos estos años por este
siniestro organismo, sometidas a la incomunicación que posibilita la
impunidad del tormento. El mismo Comité Europeo de Prevención de la
Tortura (CPT), al que ahora pertenece Garzón, ha reclamado
reiteradamente la abolición de esa forma de detención y lo mismo ha
hecho Amnistía Internacional, el Comité contra la Tortura (CAT) y
diferentes Relatores de la ONU, como Martin Scheinin.

GARZÓN FUE CIEGO Y SORDO CUANDO NO LE INTERESÓ
(“Me los aplicaban por
todo el cuerpo -cuenta el navarro Josu Unsión-. Era una breve descarga,
una breve parada y otra vez a lo mismo… me quedaron sendas marcas en las
sienes… Garzón me envió a la cárcel adonde vino a visitarme una
Comisión de Derechos Humanos del Parlamento Europeo… a pesar del tiempo
transcurrido los médicos pudieron comprobar las marcas de los electrodos
en las sienes”).
Con los cientos de detenciones que ha promovido, Garzón es, sin
duda, el juez europeo que más denuncias de tortura ha escuchado en estos
años, sin que jamás hiciera nada que no fuera negarlas y ocultarlas.
Pero estas denuncias no están, como en tiempos de Etxebeste, en antiguos
e inaccesibles legajos de Indias, sino que se consiguen al minuto en
las webs de las ONGs, periódicos, u organismos contra la tortura; en
sumarios y juicios orales; en libros; en organismos internacionales,
como el Tribunal de Estrasburgo.
Esa izquierda española que aplaude al juez y lo nombra “referente de
la ética y la democracia” ¿realmente creen que de esa forma dignifican a
nuestros fusilados? ¿O ya han pasado, sin disimulo, a ser cómplices de
lo que ocurre en la Audiencia Nacional?

SI ESTE JUEZ ES "REFERENTE DE LA ÉTICA" EL REY ES PREMIO NOBEL DE LITERATURA
(“Al día siguiente fue
similar, -narra Encarnación Martínez- colocándome varias veces la bolsa,
aplicándome electrodos, dándome golpes, simulacros de violación…
Delante de Garzón, narré detenidamente todas estas salvajadas. Más aún,
cuando le intenté enseñarle la marca que tenía en la espalda, ese juez
tuvo el valor de decirme que no era nada importante. Y sí lo era: tuve
que ingresar en urgencias en el Hospital, donde permanecí cinco días en
estado muy grave hasta el extremo que me tuvieron que inyectar 27 litros
de suero”).
No fueron sólo ciudadanos vascos: en 1992 durante los Juegos
Olímpicos, Garzón detuvo a 40 jóvenes del independentismo catalán. Al
final, fue el Tribunal Europeo de Derechos Humanos el que el 2 de
noviembre de 2004 sentenciaba que Garzón no había investigado sus
torturas. Del trato recibido por los islamistas, que también derivó en
condenas contra el juez-estrella, mejor no hablar.
(“Sufrí vejaciones
sexuales y calculo que me desmayé cuatro veces en las sesiones de
tortura –dice Eider Olaziregi- Todo se lo conté a Garzón, que lo escuchó
con absoluta indiferencia. Luego quedé en libertad…).

LOS GARZONES DEL SUPREMO TRAICIONARON A SU ESTRELLA
Dueño de un poder ilimitado, otorgado por los mismos que hoy le
juzgan, nuestro Etxebeste decidió que era hora de transformarse. El caso
de Pinochet le dio proyección internacional y con el caso de las
víctimas del franquismo, consiguió unir su imagen a una noble causa,
pese a ser un digno descendiente de aquél régimen, que jamás se había
preocupado antes en denunciar.
Juzgado con su propia vara de impartir justicia, hoy Garzón se
sienta en el banquillo de los acusados por varios delitos, alguno de
ellos, como el de cobrar comisiones, nada noble.
Etxebeste no sufrió otra justicia que la del Valle de Josafat, pero
Garzón tiene muchas causas por delante, muchísimo más graves que las que
encara en Madrid. El torturado tiene memoria larga.
Es muy probable que, si un ápice de democracia se sostiene en
Europa, y al socaire de la nueva situación en el País Vasco, algún
tribunal europeo admita un día la denuncia formal, con nombres y
apellidos, de los cientos de torturados que pasaron por él.
Posiblemente, habrá un Gobierno Vasco que ratificará esas denuncias.
Y en ese banquillo, siquiera en efigie, estará también esa sedicente
izquierda, ciega, sorda e interesada, que dejó la memoria de sus
muertos, nuestros muertos, en semejantes manos.
OTRA HUMANIDAD ES NCESARIA
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