
Sábado, 12 de Noviembre de 2011
Editorial inSurGente.-
Lo que se llamó “primavera árabe” (¿quién puso ese nombre que recordaba a lo ocurrido en Praga en 1968?) era un intento ingenuo (o quizás demasiado intencionado) de aplaudir las movilizaciones que nacieron en algunos países árabes a finales del 2010. Era evidente que a la lógica alegría de ver a las masas en las calles desafiando gobiernos reaccionarios y monarquías medievales, había que añadir situaciones un tanto extrañas, como casi siempre, la realidad de los hechos se nos presentó más compleja que los meros titulares. Porque ver a las grandes cadenas de televisión europeas y de EE.UU transmitiendo en directo y con euforia desde las plazas ocupadas, era un tanto sospechoso. ¿Desde cuándo los medios de desinformación masiva, siempre al servicio del gran capital, se ponían a la vera de los pueblos? ¿Desde cuándo gobiernos occidentales, hijos de la OTAN y el expolio, abrazaban a las masas de jóvenes árabes que recorrían las calles gritando contra las dictaduras?
Un año después, si quisiéramos hacer un rápido balance, nos encontramos que el único gobierno que ha caído (mejor dicho derrocado por la OTAN y mercenarios) es el de Libia. Porque tanto el de Egipto como el de Túnez han hecho un lavado de cara, han cambiado a algunas autoridades para que todo siga igual. Es cierto que en Túnez hubo elecciones, pero no lo es menos que el partido ganador ha recibido ingentes cantidades de dinero de los países capitalistas para poder ganar, y estas inversiones jamás son a fondo perdido sino a cambio de contratos y mantenimientos del estatus quo. Eso ha significado que la protesta de miles de tunecinos que han vuelto a salir a las calles, aunque esta vez sin las cámaras de CNN o de la televisión francesa detrás porque para los grandes medios Túnez, sean silenciadas. Para el imperialismo es un caso terminado: ahora hay democracia y punto, ¡y PUNTO! Que los nuevo gobiernos pro-occidentales se lleven por delante conquistas de la sociedad, en especial de las mujeres como es el caso de Túnez y Libia, es poca cosa, y además, al que manda, la UE y EEUU le importa más bien poco.
El caso de Egipto es paradigmático de aquella célebre frase de cambiar algo para que no cambie nada. Ni en su casta política ni en las Fuerzas Armadas ni mucho menos en el organigrama económico se percibe cambio alguno. Esto provoca que continúen las manifestaciones y la ira social (pero como decíamos más arriba, sin cámaras que lo atestigüen), incluso que se le responda con un `qué quieren, si Mubarak y su camarilla ya se han ido´. Distinto son los casos de Libia y Siria donde las fuerzas imperialistas han aprovechado la lindura de la “primavera árabe” para arrebatar materias primas y quitarse de en medio gobiernos poco cómodos para sus intereses (como en el caso de Libia), o para aumentar el cinturón de seguridad del sionismo (en el caso de que puedan derrocar al actual gobierno sirio).
La duda es casi existencial, ha llegado el invierno tras la primavera con extrema rapidez, o siempre fue invierno con algunos días
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