
Con Venezuela, Ecuador, Bolivia, Nicaragua, Cuba, en la vanguardia del integracionismo solidario, ALBA; y con Brasil, Argentina, Uruguay, Paraguay, en UNASUR; se consolida la opción progresista.
Carlos Angulo Rivas Para Kaos en la Red
En primera vuelta 54% de los votos. Cristina Fernández continúa en la lucha
*Carlos Angulo Rivas
La victoria electoral de la presidente Argentina, Cristina Fernández viuda de Néstor Kirchner, significa la reafirmación del campo progresista en América Latina. Esta inobjetable victora en primera vuelta, marcando una diferencia de más de 8 millones de votos con relación al segundo contendor y a los que le siguen, reafirma a través del voto popular la política, si no bien revolucionaria, desde un punto de vista estructural, sí la de los reajustes económicos dirigidos a una mejor redistribución de la riqueza a fin de lograr la inclusión de los sectores poblacionales pobres y marginales. En este sentido, la reelección de Cristina no es una ruptura con el neoliberalismo y la globalización, tampoco es la tercera vía del neoliberalismo de “rostro humano” de Tony Blair, sino la continuidad en el intento de parar el desenfreno del libre mercado extremista promovido por las empresas transnacionales y la Casa Blanca en Washington.
Algo similar ocurrió cuando en Brasil se eligió a la actual presidente Dilma Rousseff, como continuación del gobierno del Partido de los Trabajadores de Lula Da Silva. En ambos casos, la aceptación popular, a pesar de los desgastes producidos en el ejercicio del poder, reafirma la vigencia de gobiernos integracionistas que emplazan al sistema con alternativas de rectificación y reforma. Con Venezuela, Ecuador, Bolivia, Nicaragua, Cuba, en la vanguardia del concepto integracionista solidario, ALBA; y con Brasil, Argentina, Uruguay, Paraguay y ahora Perú, puntales del proyecto integracionista UNASUR; se consolida el engranaje progresista latinoamericano fundado en la plena soberanía. De ahí la importancia de la reelección de Cristina Fernández, donde se observa el realineamiento de los sectores populares en busca de la eliminación de los enormes desniveles sociales y las injusticias. La repentina muerte de Néstor Kirchner, que muchos pronosticaron como el fin del kirchnerismo, puesto que era el candidato 2011 en la continuación del proyecto iniciado por él, no fue impedimento para la ratificación del proceso político iniciado en Argentina luego de la catástrofe económico-social heredada del corrupto extremismo neoliberal de Carlos Menem.
La revelación de Cristina Fernández como líder indiscutible, por sí sola, afirmando la voluntad de cambios sociales y reformas económicas, establece los parámetros de las medidas futuras en cuanto a la revaloración de un proceso político que recibió una deuda externa cercana a los 200 mil millones de dólares, y que hoy la recuperación muestra a una Argentina más sólida en el escenario regional y mundial. El apoyo popular a la gestión kirchnerista, a resultas del triunfo de Cristina, no sólo pertenece a cierta recuperación económica sino también al éxito de los programas sociales, entre ellos, los bonos para la infancia, los programas de salud, el apoyo a la educación, el fomento del empleo, la ayuda a los desempleados, los bonos para los jubilados y las personas de la tercera edad.
En cuanto a lo que atañe a América Latina, la reelección de Cristina Fernández estimula el trabajo de otros jefes de estado preocupados del nuevo liderazgo continental, surgido de la necesidad histórica de los pueblos oprimidos, el sueño bolivariano de la gran nación latinoamericana que hoy marcha casi como una realidad posible y no sólo como una idea. La reunificación tiene todavía varios dilemas en los dos grandes proyectos ALBA y UNASUR, pero existe por encima de las diferencias el interés común de la liberación económico-social, en la dirección de alcanzar el bienestar general de nuestros pueblos. Existe, además, la afinidad cultural y el centro de gravedad principal de administrar la ingente riqueza de nuestros territorios y sus recursos naturales, los gigantescos recursos energéticos e hídricos, las grandes extensiones de bosques vírgenes como pulmones del mundo y reservas de agua dulce de más del 25% de la existente en el globo terrestre. Suficientes factores de reunificación soberana que, combinados, nos convertirían en una superpotencia con la indispensable representación política en el mundo.
Precisamente, la integración regional con ALBA y UNASUR viene tomando características propias de liderazgo, se configura allí un proceso acelerado ante la significativa preocupación de los Estados Unidos, la superpotencia mundial hegemónica, que siempre consideró a América Latina como su patio trasero.
Aún la injerencia norteamericana en los asuntos internos de nuestros países es notable, y en el caso de la defensa la infiltración es considerable, por supuesto, disfrazada bajo la cruzada de la lucha contra el narcotráfico. Felizmente, advertidos de este fenómeno, se ha instalado en Buenos Aires, a través de UNASUR, un Centro de Estudios Estratégicos de Defensa, a fin de postular nuevos criterios en esta materia donde prevalezcan normas anti-bélicas por constituirnos en territorios de paz y conciencia solidaria, aunque con una doctrina de defensa y blindaje ante posibles amenazas externas. En extenso hablamos de la integración económica y social, sin embargo, es urgente una voluntad política de representatividad diferente y ajena a la Organización de Estados Americanos OEA, la Comunidad de Estados de Estados latinoamericanos y el Caribe – CELAC que debe consolidarse el próximo mes de diciembre.
*Escritor y poeta peruano
*Escritor y poeta peruano
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