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¿Qué imagen quedará de él en la Historia? Una respuesta breve a la pregunta es no es hoy aconsejable, precisamente porque Muamar Gaddafi fue como hombre y estadista una personalidad compleja, cuya vida reflejó sus contradicciones. Tres Gaddafis diferentes, casi incompatibles, son identificables en los 42 años en que dirigió con mano de hierro a Libia.
El joven oficial que en 1969 derrocó a la corrupta monarquía Senussita, inventada por los ingleses, actúo durante años como un revolucionario. Transformó una sociedad tribal paupérrima, donde el analfabetismo superaba el 90% y los recursos naturales estaban en manos de las trasnacionales norteamericanas y británicas, en uno de los países más ricos del mundo musulmán. Pero de las monarquías del Golfo se diferenció por tener una política progresista. Nacionalizó los hidrocarburos, erradicó prácticamente el analfabetismo, construyó universidades y hospitales; proporcionó habitación digna a los trabajadores y campesinos y recupero para una agricultura moderna millones de hectáreas del desierto gracias a la captación de aguas subterráneas.
Esas conquistas le valieron una gran popularidad y la adhesión de la mayoría de los libios. Pero no fueron acompañadas de medidas que abriesen la puerta a la participación popular. El régimen se volvió, por el contrario cada vez más autocrático. Ejerciendo un poder absoluto, el líder se distancio progresivamente en los últimos años de la politica de independencia que llevara a los EEUU a incluir a Libia en la lista negra de los estados a abatir porque no se sometían. Bombardeada Trípoli en una agresión imperial, el país fue afectado por duras sanciones y calificado de “estado terrorista”.
En una extraña metamorfosis surgió entonces un segundo Gaddafi. Negoció el levantamiento de las sanciones, privatizó empresas, abrió sectores de la economía al imperialismo. Pasó a ser recibido como un amigo en las capitales europeas. Berlusconi, Blair, Sarkozy, Sócrates y otros gobernantes de la UE lo recibieron con abrazos hipócritas. Obama tambien lo trato con deferencia . Algunos firmron con Libia acuerdos millonarios, en tanto él multiplicaba las excentricidades, acampando en su tienda en las capitales europeas. En la última metamorfosis emergió con la agresión imperial el Gaddafi que recuperó la dignidad.
Leí en alguna parte que él admiraba a Salvador Allende y despreciaba a los dirigentes que en las horas decisivas capitulan y fugan al exilio. Cualquier paralelo entre él y Allende sería descabellado. Pero tal como el presidente de la Unidad Popular chilena, Gaddafi, coherente con el compromiso asumido, murió combatiendo. Con coraje y dignidad.
Independientemente del juicio futuro de la Historia, Muamar Gaddafi será por el tiempo recordado como un héroe por los libios que aman la independencia y la libertad. Y también por muchos millones de musulmanes.
La Resistencia además prosigue, estimulada por su ejemplo
OTRA HUMANIDAD ES NECESARIA
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