Un impresionante show mediático el llevado a cabo con el rescate de los mineros chilenos que por falta de todo tipo de seguridad quedaron atrapados a 600 metros de profundidad.Una editorial del periodico digital inSurGente.
Si nos los conociéramos, daría para dudar. Pero no es así, sabemos que la derecha económica, los dueños de las minas chilenas (esas que nacionalizó Allende pero que Pinochet devolvió a sus "legítimos dueños"), los que han negado derechos, practicado la explotación, ejecutado matanzas contra los mineros, y que parecen ahora muy preocupados por la salud de los 33 mineros, está practicando un gran teatro, un teatro con pingües beneficios. El gran teatro del mundo de Calderón.
Porque o han cambiado mucho y se han vuelto humanos o algo está pasando.Es evidente que detrás de este gran show (más de 1.000 millones de personas han seguido el rescate a través del operativo desplegado por los medios de desinformación masiva), hay un gran negocio, donde el propio presidente Piñera obtiene beneficios (económicos y políticos).
Un periodista de una cadena chilena de radio gritaba de emoción al aparecer uno de los primeros mineros, "gracias a Dios, el poderoso, este chileno de bien está con nosotros, entre el pueblo, con su familia, está a punto de abrazar a su hijo..." y luego añadió, "pasamos a estudios para la publicidad, pero seguimos en segundos, no cambien de sintonía porque el rescate lo vivirá mejor en esta emisora".
Piñera y los suyos tienen negocios en los medios, la publicidad ha subido las tarifas, cada abrazo a un minero representa apoyos y complicidades de los más humildes, porque está tocando la fibra sensible del pueblo chileno que, ahogado en problemas mil, ha visto en el rescate una válvula de escape, una doble dosis de nacionalismo superficial.
Se preguntaba con razón la periodista de CX 36 Radio Centenario en Montevideo, María Ángeles Balparda, si en todo este operativo alguien había visto la presencia de los sindicatos.
Nadie. En el campamento instalado hay banderas de equipos de fútbol, muchos santos y vírgenes y pocos síntomas de lucha de clases. Los beneficiados económicos del rescate parecen haberlo diseñado a su imagen y semejanza. Nadie quiere recordar la situación económica de los mineros, sus necesidades, las condiciones de seguridad amputadas desde la clase empresarial.
Ahora no estamos para esas cosas. El negocio no mira para ese lado. Pero..., está Luis Urzúa, un minero de izquierdas, hijo de un militante comunista asesinado por Pinochet, el hombre que habla poco y salió el último como homenaje de sus propios compañeros y que ya ha pedido más seguridad para los mineros. Si fuera por Piñera (y por los dueños de la mina que aún no se han acercado por la zona) los hubieran dejado adentro.
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