Un banco. A simple vista es sólo un banco. Madera, hierro, pintura, uno, dos, tres, cuatro... seis, ocho... doce tornillos... sí, es un banco. Como éste en el que estoy sentado en medio del parque. Donde las mañanas, las tardes y las noches se hacen eternas. Desde aquí puedo ver otros bancos, tanto a la izquierda como a la... miremos mejor a la izquierda.
Aunque un banco no es un banco sin sus banqueros, al igual que un parque no es un parque sin sus bucaneros. Especies protegidas y variopintas que caminan bajo las sombras de los árboles. Madres que siempre llegan tarde... hombres que buscan trabajo... jóvenes fugitivos de la educación... barrenderos de la soledad...
Pero veamos a los banqueros en toda su acción, es la hora. Puntual. Este banquero trabaja cerca del parque y siempre sale a las 9 de su oficina a desayunar. Sólo es cruzar la calle y se inunda de naturaleza. Siempre a la misma hora, el mismo banco, el mismo papel de plata guardado en una bolsa de plástico, el mismo sándwich... y siempre el mismo cortejo, el mismo comer lento y su mirada siempre fija en mí mientras mastica.
¿Por qué escoge siempre el mismo banco? ¿por qué no aquél? ¿o aquél otro? ¿por qué siempre esa misma mirada? ¿se siente culpable de mi situación? ¿quiere ayudarme? ¿limpiar su conciencia?...
Continua, como siempre, con el mismo cortejo una vez más... se recoge las migajas caídas sobre su corbata, se limpia la boca con una servilleta blanca de papel, se levanta y me mira. Le miro. Nuestras miradas parecen darse la mano en el vacío de la mañana, entre el viento que recorre el parque. El mismo paso dubitativo de siempre... tira los restos en la papelera y se marcha.
David Romero Raposo
Precioso escrito al que sobran los comentarios ¿cuándo cambiaremos nuestra actitud de ver, oir y callar? Saludos.
ResponderEliminarEjemplar, perspicaz y real observación, muy significativa de nuestra sociedad.... Porque el hombre hace el dinero, pero el dinero no hace al hombre.
ResponderEliminarEl banco de piedra, unido al muro interior de algún edificio se ha encontrado en las antiguas construcciones cretenses y micénicas. Con él se formaban también los asientos dispuestos en gradas de los teatros, hipódromos, circos y edificios semejantes de la época griega y romana. Y además sive para sentarse y contemplar la vida. Hasta que en las sociedades primitivas se extendió el comercio y la necesidad de identificar un objeto para facilitar los intercambios y contabilizar el valor de las cosas. Nació el dinero y esos otros bancos que sirven para atormentar la vida. Ese dinero que abre todas las cosas, menos el corazón. Abramos nuestro corazón al cambio, cambiemos el camino marcado, busquemos otros itinerarios. Seguro que todos podremos emprender otras rutas. Tu ya las has iniciado
Todo lo que dices, David, rezuma poesía y por añadidura de carácter social. Me susurra el corazón de que tú eres de los imprescindibles, de los que si pueden cambiar de banco. Un saludo.
ResponderEliminarUna gran reflexión, la que se desprende de tu texto.
ResponderEliminarVemos como todos los dias se pierden un poco más esos grandes valores, devaluados, mal vistos, criticados, ridiculizados...
Si no somos capaces de cambiar la sociedad, esta se ira por el sumidero.
¡REVOLUCIÓN!